Llevo más de una década fotografiando bodas y todavía me pone nervioso antes de entrar. Eso es lo que me dice que sigo haciendo lo correcto.

No soy el fotógrafo que os va a pedir que os coloquéis. No voy a pediros que miréis a cámara ni que sonriáis. Mi trabajo es estar ahí, invisible, mientras vosotros vivís el día más importante de vuestra vida.

He fotografiado bodas en fincas, en playas, en iglesias del siglo XII y en terrazas de apartamento. He visto llorar a novios que juraban que no iban a llorar. He visto a padres que no sabían cómo decir lo que sentían y lo han dicho igual. He estado ahí cuando ocurren esas cosas que no se pueden repetir.

Eso es lo que busco. No la foto perfecta. El momento real.

Fuera del trabajo soy guitarrista frustrado, coleccionista de vinilos, viajero empedernido y fan incondicional de Wes Anderson. Vivo en Elche con Rocío, nuestra mejor decisión conjunta, nuestro hijo Nacho y un perro de 2 kg que no sabe que es pequeño.

Si lo que veis aquí os resuena, hablamos.